sábado, 15 de julio de 2023

NO VAMOS A ESTAR BIEN




Publicado originalmente en "La Mañana de Ana y otros relatos", compilado de thrillers organizado por el Club de Lectura La Paz, el 13 de julio de 2023.

No vamos a estar bien

A través de nota presentada el 13 de noviembre, el investigador ofrece un cuaderno de tapas duras color café, interior cosido, papel cuadriculado. El cuaderno fue escrito en orden cronológico, sin notas sueltas, en tinta azul. La autora es Wendy _____, en lo que sería un diario de la enfermedad de su hermana, Margarita _____ (Magui). 

Día 2 de junio. 
Llevaron a Magui al hospital. Colapsó en la panadería. Cayó encima de las planchas recién sacadas del horno. Toda la parte superior de su cuerpo está quemada. Los clientes que la esperaban contaron que todo comenzó a oler a carne quemada. No sabemos cómo pasó. Llamé a Joselyn y Lucía. Nos abrazamos llorando fuera de la habitación de hospital. Jefferson, su esposo, estaba enloquecido por el dolor. Anotaré el progreso de Magui para nuestros padres, cuando lleguen a fin de mes. Mis sobrinos no pueden perder a su mamá. Y yo no puedo perder a mi hermana. 

Día 3 de junio.
Nuevamente nos reunimos con Joselyn y Lucía en el hospital. Jefferson estuvo durante la intervención. Dijo que lograron atender la piel y el tejido quemado. Habrá cicatrices. El doctor Parra le dijo que eso era lo de menos. Faltaba saber por qué perdió el conocimiento Los análisis dirán por qué. También dijo que permanecerá dormida. Pese a la noticia, Jefferson pareció comprender resignado. Me ofreció su silla y salió a comprar refrescos para nosotras. Él nunca fue tan cercano, pero parece que la tragedia lo volvió un poco más humano y lo agradezco ahora. 

Noche 3 de junio.
El doctor Parra dijo que debíamos acompañar a Magui de noche. Para cuidarla y atenderla en caso de que despierte. Jefferson preguntó si podía traer a los hijos de Magui, pero el doctor lo prohibió. Junto a Lucía y Joselyn nos ofrecimos a turnarnos para acompañar a Magui de noche. Jefferson fue arisco, pero pareció entender al final y se ofreció a formar parte de los turnos. Es cierto que fui muy dura con él, pero todo apoyo sirve ahora. 

Día 5 de junio.
Magui no despierta. Vinieron los contadores del hospital. La deuda por la internación va subiendo cada día. Cobran en dólares y necesitan un adelanto. Suman la operación, el material y las enfermeras. La panadería de Magui era el único ingreso para mi hermana y su esposo. No sé qué hacer por ellos. Encontré a Jefferson llorando en el pasillo. No somos tan cercanos, no supe qué decirle. Él lloraba mirando al suelo. 

Día 7 de junio.
La mañana antes de irse, Joselyn me dijo que tenía que hablar conmigo. Jefferson ingresó al cuarto de noche, mientras ella descansaba apoyada al lado de Magui. Se hizo a la dormida, y Jefferson permaneció de pie al lado de mi hermana. Le habló en voz baja. Joselyn no entendió nada de lo que decía. Dijo que no era español. Y luego permaneció de pie en la oscuridad. Joselyn estaba asustada. Dijo que no volvería a acompañar a Magui a menos que el loco de su marido esté bien lejos. Ella nunca fue exagerada. Pero hoy por primera vez la vi asustada. Se alejó corriendo. No sé qué pensar de esto. 

Día 11 de junio.
Jefferson volvió con la mala noticia de que tuvo que cerrar la panadería. Los clientes cancelaron pedidos, y a nadie parecieron importarle las explicaciones de Jefferson. Nos dijo que era su culpa por no saber comunicarse. Tenía razón. Pese a ser su culpa, estuvo enojado todo el día, botando las cosas en el hospital y con esa torpeza propia de la gente estúpida. No parecía importarle que su esposa estuviera enferma y con el cuerpo quemado en una habitación de hospital. 

Día 13 de junio.
Vinieron los suegros de Magui. Siempre me cayeron bien. Eran abuelitos canosos y de lentes. Abracé a mis dos sobrinos. Preguntaron por su mamá, pensando que estaba de viaje. Tuve que soltarlos para que no me vieran llorar. El señor me dijo que estaban muy preocupados por Magui y que no nos preocupemos por ningún gasto, que para ellos era un gusto ayudar a Magui. Trasladaron a los pequeños a su enorme casa con jardín, mejor que el departamento pequeño y lleno de recuerdos de su madre. Jefferson los miraba inexpresivo. Les agradecí a ambos. Era un alivio saber que mi hermana no estaba sola.

Noche 13 de junio.
El doctor Parra nos dio el diagnóstico. Estábamos Jefferson, sus padres y yo. Le sujeté la mano a la señora. Magui se desmayó por el veneno de un ciempiés mortaja. Descubrieron la mordida en el cuello. Fue la cercanía al cerebro la que le hizo perder el conocimiento. Jefferson debía revisar la casa para cerciorarse de que no había ejemplares rondando. Vivían bajo las camas, bajo las piedras, en cualquier lugar oscuro. Le pregunté al doctor Parra si el veneno era peligroso en sí y me dijo que era muy probable que dejara secuelas. Sumando a eso las quemaduras, Magui permanecerá en observación constante.

Día 17 de junio. 
¡Despertó! Magui estaba adolorida, envuelta en vendas, pero despertó. La abracé con cuidado. No le contamos de la cuenta del hospital ni de la panadería. Hablamos únicamente de lo feliz que nos hacía y de lo pronto que se iba a recuperar. En medio de la alegría, Jefferson nos dijo que tenía que hablar a solas con su esposa y nos ordenó salir de la habitación. No resisto cuando habla como si tuviera algún derecho sobre mi hermana. Es su esposo, pero ella no es su objeto. Al final del día, con Jocelyn y Lucía convencimos a Jefferson de que fuera a su casa a descansar, que se tomara el día para recuperarse y volver repuesto. Fue un alivio. Aunque Magui dormía profundamente, fui feliz de estar a su lado. No quiero ilusionarme de más, pero siento que se va a recuperar. Su cuerpito va a sanar. 

Día 19 de junio. 
Tuvimos un lindo día con Magui. Pudimos hablar de cosas menos terribles. Fuimos ella y yo otra vez. Le dije que temía perderla, pero ella me dijo que estaba casi tranquila, porque sus hijos se quedarían con Jefferson y su familia. Ellos se encargarían de que no les falte nada. No puedo creer que mi hermana esté resignada con la idea de su muerte, solo a cambio de que sus hijos tengan una vida acomodada con sus abuelos. Pero no iba a arruinar un escaso momento de felicidad con mi hermana. Incluso Jefferson volvió compuesto. Luego de una ducha y una noche de sueño, parecía otro hombre. Era la primera vez que lo veía como seguramente lo ve Magui. Están juntos, ella se recupera y esa es mi alegría. 

Día 23 de junio.
Magui entró en coma. Fue repentino. El doctor Parra volvió a ordenar análisis. No tenía explicación. El veneno de ese insecto horrible había salido de su cuerpo. Lucía me dijo que lo único anormal la noche anterior fue la visita de Jefferson. A diferencia de Joselyn, Lucía durmió sentada al lado de la cama de Magui. La despertó la voz de Jefferson. Lo encontró de pie junto a mi hermana. En silencio. Conversaron un momento y luego él se fue. No puede ser. Magui no puede volver a enfermarse. No quiero pensar que el infeliz de su esposo le esté haciendo algo. Pero qué. 

Día 29 de junio. 
Es el veneno de los ciempiés. El doctor Parra me llevó a su oficina, sacó a la enfermera y me dijo en un susurro que Magui volvía a tener el veneno de esos insectos en la sangre. Una dosis muy alta después de una recuperación casi milagrosa. Encontró las mordidas en sus brazos y en su muñeca. Dos huecos por donde esos monstruos de terror envenenaron a mi hermana. Él mismo tenía sus sospechas. Dijo que nadie podía envenenarse dos veces en tan poco tiempo por accidente. No tenía que oír más. Era Jefferson.  

Día 31 de junio.
Magui empeora. Los doctores la intubaron. Jefferson está prácticamente todo el día en el hospital, fingiendo preocupación por mi hermana. No sé cómo probarlo, pero es él. ¿Cómo puede hacerle algo a la madre de sus hijos? Era su esposa. Se casaron. Y aun así la envenenó. Debe haber algo en su casa. Alguna prueba de que es él. Tomé las llaves de Magui mientras él dormía en las bancas del hospital.

Noche 31 de junio. 
Lo encontré. Ese infeliz tiene un criadero. Al encender el interruptor del "estudio" de Jefferson en el departamento de Magui, vi la pecera de vidrio, larga como una mesa. No tenía agua, sino tierra y piedras. Los enormes ciempiés huyeron de la luz. Eran grandes, negros y brillantes, con patas gruesas y puntiagudas. Había frascos de vidrio y pinzas, ideales para guardar a estos monstruos. Seguro Jefferson metió a uno de esos en un frasco y lo llevó al hospital. Sería fácil decir que una de estas cosas mordió a Magui. Tenía las pruebas delante de mí. Pero no me atreví. Según el doctor, la mordida de estas cosas es mortal. Tengo que llevar a la policía a la casa de ese enfermo. 

Día 2 de julio. 
No sé qué sucede. Hoy confronté a Jefferson. Le conté del análisis, las mordidas en los brazos de Magui, la confirmación del doctor. Me dijo que no era él, que solamente llegaba a su casa a cambiarse y volver al hospital. Que no entró a su estudio desde que Magui estaba internada. Dejamos a Magui en terapia intensiva y fuimos a su casa. Una vez en el departamento, él se horrorizó al ver la pecera. Dijo que no era suya. Mientras me hablaba yo veía que la pecera estaba vacía. Los ciempiés no estaban ahí. La abrí, removí su interior. Nada. Jefferson decía la verdad. Estuvimos juntos en el hospital los últimos dos días. No era él. No sé qué pasa. Tengo miedo. 

Día 3 de julio.
Eran sus padres. Los visitó para ver a sus hijos y encontró a uno de mis sobrinos enfermo. Convirtieron todo en una pequeña pieza de hospital, con enfermera y todo. Jefferson buscó en el cuerpo del chico y encontró la mordida. Encaró a los abuelitos perfectos, y ellos ni se molestaron en negarlo. Querían criar a sus nietos, cuidarlos como no lo cuidaron a él. Su único impedimento era Magui. 

Noche 3 de julio.
Jefferson acaba de llamar. Sus padres saben que yo sé. Dijo que vienen directo a mi casa. Era la primera vez que escuchaba asustado a Jefferson. Prácticamente me suplicó porque huyera. Pero ¿qué podrían hacerme dos ancianos? Los abuelitos perfectos con sus ciempiés no me iban a hacer nada. No soy como mi hermana. Si vienen podré sacarles la verdad de todo esto. 

El cuaderno fue guardado en la bolsa de piezas de la escena del crimen. Lo prosigue el informe del forense. Corresponde resaltar a este último por una inusual anotación en el apartado de observaciones. "Ciempiés muerto en el interior del cuerpo del sujeto". Son todas las pruebas respecto a la muerte de Wendy _____. Caso en archivo temporal, e inicio del cómputo para envío a archivo definitivo.


Poe - Haunted

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